Los bebés crecen rápido y otro momento de esos especiales es que se da cuando conocen al espejo.
Hay escenas que se repiten en casi todas las familias.
Coges a tu bebé en brazos.
Os acercáis a un espejo.
De repente, aparece una gran sonrisa.
Levanta la mano.
Intenta tocar el cristal.
Balbucea.
Incluso parece querer jugar con ese pequeño que tiene delante.
Durante unos minutos observa cada movimiento con enorme curiosidad.
Y entonces llega la pregunta.
¿Sabe que ese bebé es él?
La respuesta depende de su edad.
Porque reconocerse en un espejo es uno de los grandes logros del desarrollo infantil y forma parte del apasionante proceso mediante el que los niños comienzan a descubrir quiénes son.

Al principio, el espejo es una ventana a un mundo nuevo
Durante los primeros meses de vida, los bebés todavía están aprendiendo cómo funciona el mundo que les rodea.
Las caras.
Las voces.
Los colores.
Los movimientos.
Todo resulta completamente nuevo.
Cuando se miran en un espejo, no suelen interpretar esa imagen como un reflejo de sí mismos.
Para ellos, simplemente hay otro bebé muy interesante al otro lado.
Un bebé que sonríe.
Que mueve las manos.
Y que parece responder exactamente igual que ellos.
Por eso muchos intentan tocarlo o incluso «hablar» con él.
Cada mirada ayuda a construir su identidad
Aunque todavía no comprendan que esa imagen les pertenece, observarse tiene un enorme valor.
Mientras juegan delante del espejo, su cerebro relaciona movimientos, expresiones y gestos.
Levantan una mano.
La otra imagen también.
Sonríen.
La sonrisa aparece de nuevo.
Poco a poco empiezan a descubrir una conexión entre lo que hacen y lo que ven.
Ese aprendizaje constituye uno de los primeros pasos hacia el reconocimiento de sí mismos.
¿Cuándo empiezan a reconocerse?
Cada niño sigue su propio ritmo, pero la mayoría comienza a mostrar signos claros de autorreconocimiento entre los 18 y los 24 meses.
Antes de esa etapa disfrutan del espejo como una experiencia visual y social.
Más adelante empiezan a comprender que ese niño que aparece delante de ellos no es otro.
Son ellos mismos.
Este avance supone un importante paso en el desarrollo cognitivo y emocional.
No solo reconocen su imagen.
También empiezan a construir una idea de quiénes son.
El espejo también es un juego
No hace falta convertir el espejo en una actividad de aprendizaje.
Para un bebé, jugar delante de él ya resulta suficientemente estimulante.
Puedes sonreír.
Hacer gestos.
Nombrar partes del cuerpo.
Saludar.
Reír juntos.
Todo ello favorece la atención compartida, el desarrollo del lenguaje y la interacción con las personas que le rodean.
Lo más importante no es el espejo.
Lo importante es compartir ese momento.
No hay que tener prisa
Algunos padres se preguntan si su bebé debería reconocerse antes.
La respuesta es sencilla.
No.
Cada etapa llega cuando el cerebro está preparado para ello.
Disfrutar observando su reflejo mucho antes de reconocerse es completamente normal y forma parte del desarrollo habitual.
Lo importante es acompañar ese proceso con paciencia, juego y muchas sonrisas.
Descubrirse a uno mismo lleva tiempo
Los adultos apenas prestamos atención al espejo.
Nos miramos durante unos segundos y seguimos con el día.
Para un bebé, sin embargo, el espejo es una auténtica aventura.
Primero descubre una cara.
Después comprende que responde a sus movimientos.
Y un día, casi sin darnos cuenta, entiende que esa imagen siempre ha sido la suya.
Es un pequeño gran paso.
Uno de esos momentos silenciosos que pasan desapercibidos, pero que forman parte de la extraordinaria aventura de crecer.
En La Cestita del Bebé nos encanta acompañar a las familias en cada una de estas etapas. En nuestro blog encontrarás más artículos sobre desarrollo infantil, crianza y bienestar, además de una selección de canastillas de nacimiento, regalos personalizados para bebés y detalles pensados para celebrar los primeros momentos de una nueva vida.
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Cuidaros mucho y nos leemos en la próxima ocasión! chao!
