Para los bebés explorar y aprender jugando es parte de su día a día.
Un día ocurre.
Tu bebé se tapa la cara con las manos.
Desaparece.
Esperas unos segundos.
Y vuelve a aparecer.
Se ríe.
Lo vuelve a hacer.
Después descubre que puede esconderse detrás del sofá.
O detrás de una cortina.
O debajo de una mesa.
Y, de repente, parece que la casa entera se ha convertido en un escondite.
Para nosotros puede parecer simplemente un juego.
Pero detrás de ese pequeño “me escondo y aparezco” hay bastante aprendizaje.

La magia de desaparecer… y volver
A los bebés les fascinan las cosas que aparecen y desaparecen.
Y tiene sentido.
Durante sus primeros meses están construyendo poco a poco una idea fundamental:
las cosas siguen existiendo aunque no puedan verlas.
Cuando algo desaparece de su campo de visión, al principio puede resultar difícil saber qué ocurre.
Pero con el desarrollo, esa comprensión va cambiando.
Un objeto que está detrás de una manta no ha dejado de existir.
Simplemente no puede verlo.
Y eso abre un mundo de posibilidades.
Por eso el cucú-tras funciona tan bien
El clásico:
“¿Dónde está el bebé?”
Pausa.
“¡Aquí está!”
Es casi una pequeña obra de teatro.
Pero para el bebé puede ser mucho más.
Primero desapareces.
Después espera.
Y finalmente vuelves a aparecer.
Con el tiempo empieza a anticipar lo que va a ocurrir.
Y esa anticipación hace que el juego sea todavía más divertido.
Ya no solo está reaccionando.
Está esperando el siguiente paso.
Y entonces descubre que él también puede desaparecer
Aquí empieza una etapa especialmente divertida.
Al principio eres tú quien se esconde.
Después el bebé descubre que también puede hacerlo.
Se tapa la cara.
Se agacha.
Se esconde detrás de un cojín.
Se mete debajo de una mesa.
Y espera.
Quizá no esté completamente escondido.
Quizá veas perfectamente sus pies.
Pero él está convencido de que ha desaparecido del mundo. 😂
Y entonces aparece.
Sonríe.
Y espera tu reacción.
No solo está jugando: también está tomando la iniciativa
Este cambio es interesante.
Ya no necesita que el adulto dirija completamente el juego.
El bebé ha descubierto una posibilidad:
“Puedo hacer algo para provocar una reacción.”
Se esconde.
Tú preguntas dónde está.
Aparece.
Tú sonríes.
Y el juego continúa.
De esta manera, esconderse puede convertirse también en una pequeña forma de comunicación.
No utiliza palabras.
Pero está iniciando una interacción.
La anticipación convierte el juego en algo especial
Una de las cosas que más disfrutan los bebés es saber que algo va a ocurrir… sin saber exactamente cuándo.
Por eso funcionan tan bien las pausas.
Te escondes.
Esperas.
Y no apareces inmediatamente.
El bebé mira.
Espera.
Quizá sonríe.
Y cuando finalmente apareces:
¡Ahí está!
La sorpresa y la anticipación se mezclan.
Y el cerebro empieza a relacionar la secuencia de acontecimientos.
Desaparecer.
Esperar.
Aparecer.
Reír.
Repetir.
También está aprendiendo que puede buscar
Cuando algo o alguien desaparece, puede aparecer una nueva habilidad:
buscarlo.
El bebé mira alrededor.
Se gira.
Aparta una manta.
Mira detrás del sofá.
Levanta un objeto.
Está intentando encontrar aquello que ya no puede ver.
Ese pequeño comportamiento forma parte de una comprensión cada vez más compleja de cómo funciona el entorno.
Y también puede convertirse en el comienzo de muchos juegos futuros.
Esconderse también tiene que ver con la autonomía
Hay otro detalle interesante.
Cuando el bebé decide dónde esconderse, está tomando una pequeña decisión por sí mismo.
Elige el lugar.
Se desplaza hasta allí.
Se esconde.
Espera.
Y decide cuándo aparecer.
Parece una secuencia muy sencilla.
Pero para él supone combinar movimiento, intención, anticipación e interacción.
Por eso estos juegos pueden acompañar diferentes áreas del desarrollo al mismo tiempo.
Y sí, probablemente tendrás que encontrarlo cien veces
La primera vez puede hacer gracia.
La quinta también.
La decimoquinta empiezas a preguntarte si realmente existe algún otro juego.
Pero para el bebé cada repetición sigue teniendo valor.
Además, la repetición permite que vaya anticipando cada vez mejor lo que ocurre.
Y cuando un juego consigue provocar una reacción divertida…
¿Por qué iba a cambiarlo?
Los adultos hacemos exactamente lo mismo con muchas cosas.
La diferencia es que nosotros no solemos escondernos detrás de una cortina para conseguirlo. 😂
Puedes acompañar el juego sin complicarlo
No necesitas preparar una actividad especial.
Puedes seguir su iniciativa.
Si se esconde detrás de una manta, puedes preguntar:
“¿Dónde está?”
Si aparece, puedes responder:
“¡Aquí estás!”
También puedes esconder un juguete bajo una tela y animarle a buscarlo.
O esconderte tú durante unos segundos.
Lo importante no es hacerlo perfectamente.
Es compartir el momento.
Hablar.
Esperar.
Responder.
Y dejar que el bebé descubra poco a poco las reglas del juego.
Pero hay una diferencia entre esconderse y desaparecer de verdad
A medida que el bebé se vuelve más móvil, la casa puede convertirse en un territorio lleno de posibilidades.
Debajo de una mesa.
Detrás de una puerta.
Dentro de un armario.
Entre muebles.
Y aquí conviene recordar que la curiosidad infantil necesita un entorno seguro.
Los juegos de esconderse deben realizarse en lugares adecuados y siempre teniendo en cuenta que un bebé puede desplazarse más rápido de lo que imaginamos.
Especialmente cuando empieza a gatear, caminar o trepar.
Un día el juego será mucho más complejo
Hoy se tapa la cara.
Mañana se esconde detrás del sofá.
Más adelante jugará a buscarte.
Después inventará escondites.
Y algún día probablemente será capaz de organizar una auténtica operación secreta para esconderse de toda la familia.
El juego habrá cambiado.
Pero la idea fundamental seguirá ahí:
aparecer, desaparecer, buscar, encontrar y compartir.
Son experiencias que ayudan al niño a comprender mejor el mundo y las personas que forman parte de él.
La próxima vez que se esconda, síguele el juego
Puede que te parezca una tontería.
Puede que tengas cosas que hacer.
Puede que estés pensando:
“¿Otra vez?”
Pero si puedes, agáchate.
Pregúntale dónde está.
Haz como si no lo encontraras.
Espera.
Y cuando aparezca…
sonríe.
Porque para él no es simplemente esconderse.
Está descubriendo que puede desaparecer y volver.
Que puede buscar y encontrar.
Que puede provocar una reacción.
Y que jugar con otra persona puede ser tremendamente divertido.
Quizá por eso una de las cosas más bonitas de la infancia sea que los juegos más sencillos pueden esconder aprendizajes enormes.
En La Cestita del Bebé nos gusta acompañar a las familias en esos pequeños descubrimientos que aparecen durante los primeros años. En nuestro blog encontrarás más contenidos sobre bebés, desarrollo infantil y crianza, además de ideas de canastillas de nacimiento y regalos personalizados.
👉 https://www.lacestitadelbebe.es/
Porque antes de aprender a jugar al escondite de verdad, todos empezamos haciendo algo mucho más sencillo:
taparnos la cara y esperar a que alguien nos encuentre.
Bueno, con esto sólo nos queda despedirnos hasta la próxima ocasión!
