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Abrir, cerrar y volver a empezar: por qué tu bebé quiere repetirlo todo

Hay un momento en el que tu bebé descubre algo aparentemente sencillo.

Una tapa se abre.

La cierra.

La vuelve a abrir.

La vuelve a cerrar.

Y entonces ocurre algo curioso.

Parece que acaba de descubrir el mejor juego del mundo.

Beb Jugando Con Tapa
Bebé Jugando Con Tapa

Puede pasar con una caja, una puerta, un cajón, una tapa o cualquier objeto que permita hacer exactamente lo mismo.

Abrir.

Cerrar.

Abrir.

Cerrar.

Y así una y otra vez.

Para un adulto puede resultar difícil entender qué tiene de divertido repetir el mismo movimiento veinte veces.

Para un bebé, sin embargo, cada repetición es una pequeña experiencia de aprendizaje.

La primera vez que descubre que puede hacerlo

Al principio puede que ni siquiera sepa qué ocurrirá cuando mueve aquella tapa.

La toca.

La empuja.

La observa.

Y de repente…

Se abre.

Ese pequeño resultado puede llamar muchísimo su atención.

No solo ha movido un objeto.

Ha descubierto que su acción puede provocar algo.

Y ahí empieza el juego.

Vuelve a intentarlo.

Esta vez ya espera que ocurra algo.

Empuja.

Se abre.

Sonríe.

Lo hace otra vez.

Y empieza a construir una relación muy sencilla entre lo que hace y lo que sucede después.

Causa y efecto: una gran aventura para un bebé

Los adultos estamos acostumbrados a entender las relaciones de causa y efecto.

Pulsamos un interruptor y se enciende una luz.

Abrimos una puerta y podemos pasar.

Giramos un grifo y sale agua.

Para un bebé, muchas de esas conexiones todavía son descubrimientos.

Por eso repetir una acción puede resultar tan interesante.

Si hago esto, ocurre aquello.

Empieza a comprobarlo.

Lo repite.

Observa el resultado.

Y vuelve a intentarlo.

No está perdiendo el tiempo.

Está experimentando.

La repetición tiene sentido

Aquí aparece una de las características más importantes del aprendizaje durante la infancia: la repetición.

Un adulto puede necesitar hacer algo una vez para comprenderlo.

Un bebé puede necesitar muchas más oportunidades para familiarizarse con una acción.

Cada repetición le permite prestar atención a nuevos detalles.

Puede descubrir que la tapa hace un ruido al cerrarse.

Que necesita utilizar más fuerza.

Que debe cambiar la posición de la mano.

Que el objeto se mueve de una determinada manera.

O que, si lo hace demasiado rápido, no consigue el resultado que esperaba.

Repetir es una manera de experimentar.

Y por eso aquello que desde fuera parece aburrido puede ser tremendamente interesante para él.

También está entrenando sus manos

Abrir y cerrar objetos no solo tiene que ver con la curiosidad.

Muchas de estas acciones requieren coordinación.

El bebé necesita utilizar los dedos.

Ajustar la posición de las manos.

Controlar el movimiento.

Aplicar una determinada fuerza.

Y coordinar lo que está viendo con lo que están haciendo sus manos.

Son pequeños ejercicios que forman parte del desarrollo de la motricidad fina.

Y cuanto más practica, más oportunidades tiene de mejorar el control de sus movimientos.

El mundo se convierte en un laboratorio

Una vez que descubre que puede provocar determinados resultados, cualquier objeto cotidiano puede convertirse en una pequeña experiencia.

Una caja.

Una tapa.

Un recipiente.

Una puerta.

Un cajón.

Una cremallera.

Un libro con páginas.

No necesita que el objeto sea un juguete sofisticado.

De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario.

El objeto más sencillo puede ser el más interesante.

Porque ofrece algo que el bebé quiere descubrir:

qué ocurre cuando lo toca, lo mueve, lo abre o lo cierra.

Y entonces empieza el «otra vez»

Hay una razón por la que los bebés pueden repetir una acción hasta desesperar al adulto. 😂

No están buscando solamente entretenimiento.

También están comprobando que el resultado sigue siendo el mismo.

Abro.

Se abre.

Cierro.

Se cierra.

Lo vuelvo a abrir.

Y vuelve a ocurrir.

Esa previsibilidad puede resultar muy satisfactoria.

El bebé empieza a sentirse capaz de controlar una pequeña parte de su entorno.

Y eso es importante.

Porque poco a poco descubre que sus propias acciones tienen consecuencias.

También aprende que algunas cosas necesitan un poco de esfuerzo

No todo sale a la primera.

Una tapa puede estar demasiado dura.

Un cajón puede necesitar más fuerza.

Una pieza puede estar en una posición complicada.

Y el bebé tiene que probar diferentes maneras de conseguir lo que quiere.

Quizá cambie la posición de la mano.

Quizá tire en lugar de empujar.

Quizá observe cómo lo hace un adulto.

Cada intento le proporciona información.

Y, aunque nosotros solo veamos a un bebé intentando abrir una caja, detrás hay un pequeño proceso de resolución de problemas.

¿Por qué parece que nunca se cansa?

Porque para él todavía no es «lo mismo de siempre».

El adulto ve veinte repeticiones idénticas.

El bebé puede estar descubriendo veinte pequeños detalles.

La primera vez observa el movimiento.

Después anticipa el resultado.

Más tarde intenta hacerlo más rápido.

Después descubre un sonido.

Luego prueba con la otra mano.

Y quizá finalmente descubre que puede hacer algo diferente con el mismo objeto.

La repetición abre la puerta a nuevas posibilidades.

Por eso una actividad que parece agotadoramente sencilla puede mantener su atención durante bastante tiempo.

Puedes acompañar el juego sin dirigirlo

No hace falta convertir estas experiencias en una clase.

Muchas veces basta con estar cerca y observar.

Puedes poner palabras a lo que está haciendo:

«Has abierto la caja».

«Ahora la estás cerrando».

«Se ha abierto».

«Vamos a hacerlo otra vez».

De esta manera introduces lenguaje mientras el bebé experimenta con el movimiento.

También puedes mostrarle diferentes acciones y dejar que intente imitarlas.

Pero quizá lo más importante sea permitirle explorar dentro de un entorno seguro.

Porque muchas veces son ellos quienes encuentran el juego que más les interesa.

Eso sí: la casa también necesita algunos límites

Aquí aparece la parte menos divertida para los padres.

Si el bebé descubre que puede abrir y cerrar cosas, probablemente también descubrirá que existen cajones, puertas y armarios.

Y no todos deberían convertirse en juguetes. 😅

Durante esta etapa es especialmente importante revisar el entorno y mantener fuera de su alcance aquellos objetos que puedan suponer un riesgo.

La curiosidad es estupenda.

Pero necesita desarrollarse dentro de un espacio preparado para que pueda explorar con seguridad.

Un día dejará de ser una tapa

Y llegará un momento en que abrir y cerrar ya no será suficiente.

Descubrirá cómo meter cosas dentro.

Después cómo sacarlas.

Más adelante cómo encajar piezas.

Luego cómo construir algo.

Y finalmente cómo desmontarlo todo en aproximadamente treinta segundos. 😂

Cada descubrimiento será la continuación del anterior.

Lo que empezó con una sencilla tapa que se abre y se cierra puede convertirse en una cadena de experiencias cada vez más complejas.

Y quizá ahí esté una de las cosas más bonitas de observar durante los primeros años.

El aprendizaje no siempre empieza con grandes descubrimientos.

A veces empieza con una pequeña mano abriendo una caja por décima vez.

Lo que parece un juego sencillo está construyendo algo importante

La próxima vez que veas a tu bebé abrir y cerrar algo una y otra vez, quizá lo mires de otra manera.

No está simplemente entreteniéndose.

Está observando.

Probando.

Repitiendo.

Comprobando.

Coordinando sus movimientos.

Descubriendo relaciones entre sus acciones y lo que ocurre a continuación.

Y, sobre todo, está empezando a descubrir una idea enorme:

«Yo puedo hacer que las cosas pasen.»

Para un adulto parece una conclusión evidente.

Para un bebé es un descubrimiento extraordinario.

En La Cestita del Bebé nos gusta hablar de esos pequeños comportamientos cotidianos que esconden grandes aprendizajes. En nuestro blog encontrarás más contenidos sobre bebés, desarrollo infantil, crianza y bienestar familiar, además de ideas de canastillas de nacimiento y regalos personalizados para bebés.

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Porque a veces el mejor juguete no es el más caro ni el más sofisticado.

Es simplemente una caja.

Una tapa.

Y un bebé que acaba de descubrir que puede abrirla.

Cuidaros mucho y nos leemos en la próxima ocasión!

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