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Por qué tu bebé toca tu cara: el curioso motivo detrás de esas pequeñas manos

Estás con tu bebé en brazos.

Todo tranquilo.

Hasta que una pequeña mano aparece de repente.

Primero te toca la mejilla.

Después la nariz.

Luego el pelo.

Y, si tiene bastante confianza, directamente intenta meterte un dedo en el ojo. 😂

Te apartas un poco.

Él te mira.

Y vuelve a intentarlo.

Entonces aparece la pregunta:

¿Por qué mi bebé me toca tanto la cara?

La respuesta es mucho más bonita de lo que parece.

No está simplemente jugando con tus facciones.

Está descubriendo algo muy importante:

a ti.

Beb Tocando Cara De Madre 1
Bebé Tocando Cara De Madre

La cara de mamá y papá es un lugar conocido

Los bebés pasan muchísimo tiempo mirando las caras de las personas que tienen cerca.

Desde muy pequeños muestran interés por los rostros humanos.

Y tiene sentido.

Una cara no es solo una cara.

Es la persona que habla.

La que sonríe.

La que responde.

La que alimenta.

La que abraza.

La que aparece cuando algo ocurre.

La que desaparece y vuelve.

Poco a poco, esa cara se convierte en algo tremendamente familiar.

Y llega un momento en que el bebé no quiere solamente mirarla.

También quiere tocarla.

Porque mirar y tocar son dos formas diferentes de conocer

Para nosotros resulta evidente que una nariz es una nariz.

Para un bebé, todavía hay muchísimas cosas por descubrir.

¿Qué se siente al tocar una mejilla?

¿Y el pelo?

¿Y los labios?

¿Por qué la boca se mueve?

¿Por qué la nariz sobresale?

¿Qué ocurre si toco aquí?

La mano se convierte en una herramienta de exploración.

Mira.

Toca.

Siente.

Vuelve a mirar.

Y relaciona lo que ve con lo que nota en sus dedos.

Es una pequeña investigación.

Y la boca suele llevarse buena parte de la atención

Si alguna vez tu bebé ha intentado tocarte los labios mientras hablas, probablemente ya sabes de qué hablamos.

La boca es fascinante.

Se mueve.

Hace sonidos.

Cambia de forma.

Se abre.

Se cierra.

Sonríe.

Y, además, es de donde sale algo que el bebé reconoce perfectamente:

tu voz.

Por eso puede quedarse mirando tu boca mientras hablas y después intentar tocarla.

Está relacionando diferentes experiencias.

La ve.

La escucha.

La toca.

Y poco a poco empieza a entender que todas esas cosas forman parte de la misma persona.

“Ahí estás tú”

Hay algo especialmente bonito en esto.

Cuando un bebé toca tu cara, no está explorando una superficie cualquiera.

Está interactuando contigo.

Tu reacción importa.

Si sonríes, puede volver a hacerlo.

Si haces un sonido, quizá se quede mirando.

Si apartas suavemente su mano, puede intentarlo otra vez.

Y así se crea una pequeña interacción.

Una mano.

Una cara.

Una mirada.

Una respuesta.

Sin palabras, pero con muchísima comunicación.

También está practicando con sus propias manos

No todo gira alrededor de ti.

Tu cara es también un objetivo fantástico para practicar.

Para llegar hasta ella tiene que coordinar la mirada con el movimiento del brazo.

Calcula aproximadamente dónde está.

Extiende la mano.

Abre los dedos.

Toca.

Y ajusta el movimiento.

Puede parecer una acción sencilla.

Pero para un bebé supone una combinación interesante de percepción y movimiento.

Y cada intento le permite conocer un poco mejor lo que puede hacer con su propio cuerpo.

Por eso a veces parece que está haciendo un “escáner” de tu cara

Primero la mejilla.

Después la nariz.

Luego la boca.

Después el pelo.

Y vuelta a empezar.

Puede parecer que está comprobando que todas las piezas siguen en su sitio.

En realidad, está recopilando información.

La piel es diferente.

El pelo tiene otra textura.

Los labios se mueven.

La nariz tiene una forma distinta.

Cada parte ofrece una sensación diferente.

Y el bebé tiene una herramienta perfecta para explorarlo:

sus manos.

También puede ser una forma de buscar tu atención

A medida que crece, la interacción se vuelve todavía más interesante.

El bebé descubre que tocarte provoca una reacción.

Te toca.

Tú lo miras.

Sonríes.

Hablas.

Y el juego continúa.

Entonces puede repetirlo.

No necesariamente porque quiera molestarte.

Sino porque acaba de descubrir una pequeña regla social:

“Si hago esto, mamá o papá responde.”

Y eso es tremendamente interesante para un bebé.

Está descubriendo que sus acciones pueden influir en las personas que tiene alrededor.

Hay algo más: el vínculo

No todo tiene que explicarse como aprendizaje.

A veces una mano en la cara también es simplemente una forma de contacto.

Los bebés necesitan contacto físico.

Les ayuda a sentirse cerca de las personas que los cuidan.

Y tocar, agarrar, apoyar la mano o buscar el rostro puede formar parte de esas interacciones cotidianas.

No siempre hay una explicación complicada.

A veces simplemente quieren estar cerca.

Y quizá esa sea la parte más bonita.

Cuando te toca mientras hablas

Hay una escena especialmente tierna.

Estás hablando con tu bebé.

Te mira.

Y lentamente levanta la mano.

Toca tus labios.

Se queda quieto.

Tú sigues hablando.

Y parece que está intentando descubrir de dónde sale aquella voz.

Quizá vuelva a tocarte.

Quizá sonría.

Quizá intente hacer algún sonido.

Es una pequeña conversación en la que todavía no existen las palabras.

Pero sí existen:

miradas, sonidos, gestos y contacto.

Y cuando empieza a tocarte la nariz…

Prepárate.

Porque puede convertirse en un juego.

Tú dices:

“Esta es la nariz”.

Él la toca.

“Estos son los ojos”.

Toca otra cosa.

“Esta es la boca”.

Y vuelve a tocarte la nariz. 😂

No importa.

Está escuchando palabras mientras observa y toca diferentes partes de tu cara.

Con el tiempo, esas experiencias irán formando asociaciones.

Una palabra.

Una parte del cuerpo.

Una sensación.

Una persona.

Todo conectado.

No hace falta convertirlo en una actividad educativa

Puedes hacerlo si quieres.

Pero tampoco es necesario.

No tienes que sentarte delante de tu bebé con una lista de partes del cuerpo para enseñárselas.

Muchas veces basta con responder a lo que él ya está haciendo.

Si te toca la nariz, puedes decir:

“Mi nariz”.

Si toca tu pelo:

“Mi pelo”.

Si toca tus labios:

“Mi boca”.

Y continuar con el juego.

Sin presión.

Sin objetivos.

Simplemente acompañando su curiosidad.

Y sí, llegará el momento del dedo en el ojo

Porque ninguna exploración facial estaría completa sin ese pequeño momento. 😂

Tu bebé descubre que hay algo interesante justo ahí.

Se acerca.

Extiende el dedo.

Y tú intentas apartarte antes de que llegue.

Él se ríe.

Lo vuelve a intentar.

Y tú empiezas a negociar con alguien que todavía no sabe hablar.

Bienvenido a la crianza.

Por supuesto, conviene evitar que pueda hacerse daño y enseñarle poco a poco a tocar con suavidad.

La curiosidad es estupenda.

Los ojos, en cambio, son delicados.

Poco a poco aprenderá que las personas también tienen límites

Al principio puede tocarte con toda la fuerza de sus pequeñas manos.

No sabe todavía que un tirón de pelo puede doler.

O que meter un dedo en un ojo no es una buena idea.

Eso también forma parte del aprendizaje.

Puedes retirar suavemente su mano y enseñarle:

“Suave”.

Con el tiempo irá comprendiendo que las otras personas también sienten lo que él hace.

Y esa pequeña enseñanza será importante para sus futuras interacciones.

Un día ya no te tocará la cara de la misma manera

Porque crecer significa cambiar.

La exploración se transformará.

Lo que hoy es tocarte la nariz mañana puede convertirse en darte un beso.

Después quizá venga una caricia.

Más adelante un abrazo.

Y algún día será él quien se acerque simplemente porque necesita sentirte cerca.

La mano que hoy explora tu cara está construyendo, poco a poco, una relación con el mundo y con las personas que forman parte de él.

Así que la próxima vez que te toque la cara…

Quizá no apartes inmediatamente su mano.

Mírale.

Sonríe.

Déjale descubrir durante unos segundos.

Puedes hablarle.

Nombrar lo que está tocando.

Responder a su mirada.

Y disfrutar del momento.

Porque probablemente dentro de unos años echarás de menos esas pequeñas manos buscando tu cara.

Aunque, siendo sinceros…

quizá no eches tanto de menos el dedo en el ojo. 😂

Pero habrá algo que sí recordarás.

Aquella época en la que tu bebé parecía necesitar tocarte para terminar de entender quién eras.

Y quizá eso sea exactamente lo que estaba haciendo.

Descubrir tu cara.

Reconocer tu voz.

Sentir tu piel.

Buscar tu mirada.

Y aprender, poco a poco, que detrás de todo aquello estaba una persona que siempre estaba ahí.

Tú.


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Porque a veces una pequeña mano apoyada sobre nuestra cara no está pidiendo nada.

Solo está diciendo: “estás aquí”.

Cuidaros mucho y nos leemos en la próxima ocasión!

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