Con los bebés todo es divertido, ellos están explorando y miran y señalan todo.
Estás comiendo tranquilamente.
O eso intentabas.
Porque de repente levantas la mirada y ahí están.
Dos ojos observándote fijamente.
Miras al bebé.
El bebé te mira.
Coges el tenedor.
Sus ojos siguen el movimiento.
Te llevas la comida a la boca.
Sigue mirando.
Y cuando masticas, parece que está intentando descubrir exactamente qué demonios estás haciendo.
Puede que incluso abra la boca.
O sonría.
O haga algún sonido.
Y entonces aparece la pregunta:
¿Por qué me mira tanto mientras como?
La respuesta tiene bastante más que ver con el aprendizaje de lo que podríamos imaginar.

Para un bebé, comer también es observar
Nosotros pensamos en comer como una actividad cotidiana.
Para un bebé, especialmente durante sus primeros meses y años, una comida puede convertirse en un auténtico espectáculo.
Hay movimientos.
Sonidos.
Olores.
Texturas.
Objetos que aparecen y desaparecen.
Personas que hablan.
Bocas que se abren y se cierran.
Manos que llevan cosas de un sitio a otro.
Todo sucede delante de sus ojos.
Y él observa.
Muchísimo.
Porque observar es una de las principales maneras que tiene de empezar a entender el mundo.
La boca puede convertirse en el centro del espectáculo
Hay algo especialmente llamativo para un bebé:
nuestra boca.
Se mueve.
Hace sonidos.
Desaparece detrás de un alimento.
Vuelve a aparecer.
Sonríe.
Habla.
Mastica.
Para nosotros es algo completamente normal.
Para un bebé puede ser fascinante.
Además, los movimientos de la boca están relacionados con algo que poco a poco empezará a interesarle mucho:
comer.
Por eso no resulta extraño que pueda pasar largos ratos observando cómo lo hacemos los demás.
“¿Qué estás haciendo?”
Un bebé todavía no puede formular esta pregunta.
Pero su mirada puede parecer decir exactamente eso.
¿Qué haces con ese objeto?
¿Por qué te lo llevas a la boca?
¿Qué ocurre después?
¿Por qué haces ese sonido?
¿Por qué todos están sentados alrededor de la mesa?
La comida reúne muchas experiencias diferentes en un mismo lugar.
Y el bebé tiene la oportunidad de observarlas una y otra vez.
La repetición es importante.
Porque cuanto más familiar se vuelve una acción, más fácil puede resultar empezar a reconocerla y anticiparla.
También está aprendiendo por imitación
Los bebés observan a las personas que tienen cerca constantemente.
Y, poco a poco, intentan reproducir determinadas acciones.
Por eso puede llegar un momento en que tu bebé coja una cuchara y haga como que come.
O se lleve un objeto a la boca.
O abra la boca cuando te ve hacerlo.
No significa necesariamente que haya comprendido todo lo que implica una comida.
Está experimentando.
Está relacionando lo que ve con lo que puede hacer.
Y, poco a poco, va construyendo su propio repertorio de acciones.
La mesa es una pequeña clase de aprendizaje social
Comer acompañado también ofrece algo que va mucho más allá de los alimentos.
Hay turnos.
Conversaciones.
Miradas.
Sonrisas.
Gestos.
Personas que esperan.
Personas que hablan mientras otras comen.
El bebé observa esas interacciones.
Y con el tiempo empieza a participar en ellas.
Por eso las comidas familiares pueden convertirse en una experiencia de aprendizaje social incluso antes de que el pequeño sea capaz de sentarse y participar como un adulto más.
Y también está descubriendo que las acciones tienen consecuencias
Coges un vaso.
Lo acercas a la boca.
Bebes.
Lo vuelves a dejar.
Coges una cuchara.
La acercas.
Comes.
La dejas.
Para nosotros es una secuencia automática.
Para un bebé son muchos acontecimientos encadenados.
Con el tiempo puede empezar a reconocer patrones.
Cuando aparece la cuchara, algo ocurre.
Cuando alguien se sienta a la mesa, llega una comida.
Cuando papá coge determinado objeto, probablemente va a beber.
Cuando mamá se lleva algo a la boca, después ocurre algo.
El mundo empieza a tener pequeñas reglas.
Por eso puede mirar incluso cuando no tiene hambre
Esta parte puede sorprender.
Que un bebé observe atentamente mientras comes no significa necesariamente que tenga hambre.
Puede simplemente estar interesado en lo que ocurre.
La comida tiene mucho movimiento y muchos estímulos.
Además, la presencia de otras personas convierte ese momento en una experiencia social.
Por eso conviene evitar interpretar cada mirada como una petición de comida.
El contexto importa.
Y cada bebé puede mostrar interés de maneras diferentes.
“¿Me estás mirando porque quieres lo mismo?”
Esta es una de las dudas que pueden aparecer cuando el bebé empieza a observar mucho durante las comidas.
Y aquí conviene diferenciar curiosidad de preparación.
Que un bebé mire atentamente cómo comen los adultos no significa por sí solo que esté preparado para empezar con determinados alimentos.
La introducción de la alimentación complementaria depende de su desarrollo y de las recomendaciones de los profesionales sanitarios que acompañen a cada familia.
La mirada puede ser una señal de interés.
Pero interés y preparación no son exactamente lo mismo.
A veces abre la boca contigo
Y aquí llega una de esas escenas que hacen sonreír.
Tú abres la boca.
Tu bebé también.
Tú haces una expresión.
Él intenta reproducirla.
Puede parecer que está jugando contigo.
Y, en cierto modo, lo está haciendo.
Está observando.
Probando.
Comparando.
Y descubriendo que puede participar en lo que ocurre delante de él.
Es otro pequeño ejemplo de cómo la imitación aparece en situaciones completamente cotidianas.
La comida también despierta los sentidos
Aunque la mirada sea la protagonista, una comida está llena de estímulos.
Hay olores.
Sonidos.
Colores.
Texturas.
Cambios de temperatura.
Movimiento.
Todo ello puede resultar interesante para un bebé.
Incluso antes de probar determinados alimentos, ya está construyendo experiencias alrededor de ellos.
Ve cómo son.
Observa cómo los manipulan los demás.
Escucha los sonidos.
Percibe los olores.
Y relaciona esas experiencias con las personas que tiene cerca.
Y aquí aparece algo muy bonito: aprender juntos
Cuando un bebé observa cómo comes, tú también puedes convertirte en parte activa de su aprendizaje.
No hace falta hacer una demostración.
Ni explicar cada movimiento.
Muchas veces basta con comer delante de él con normalidad.
Hablar.
Sonreír.
Nombrar lo que estás haciendo.
“Estoy comiendo una manzana”.
“Esto está caliente”.
“Voy a beber agua”.
Son pequeñas palabras que, con el tiempo, irán asociándose a acciones y objetos que el bebé ve repetidamente.
Las comidas pueden convertirse en una rutina
A los bebés les gustan las experiencias que empiezan a resultar familiares.
Una rutina alrededor de las comidas puede ayudarles a anticipar qué va a ocurrir.
Llega la hora.
Aparecen determinadas personas.
Se prepara la mesa.
Hay unos objetos concretos.
Y comienza una secuencia conocida.
Esa previsibilidad puede resultar interesante para un bebé porque poco a poco empieza a reconocer patrones.
No necesita comprender todo lo que está ocurriendo.
Simplemente empieza a reconocer que determinadas cosas suelen ir juntas.
Y algún día dejará de ser solo un espectador
Al principio observa.
Después intenta imitar.
Más adelante quiere participar.
Y llegará un momento en que probablemente tenga muy claro que él también quiere una cuchara.
Y quizá quiera exactamente la que estás utilizando tú.
Porque, por supuesto, la tuya será mucho más interesante. 😂
Poco a poco pasará de mirar cómo comen los demás a formar parte activa de las comidas familiares.
Y esa transición será otro pequeño paso hacia la autonomía.
No hace falta entretenerle durante cada comida
A veces sentimos que tenemos que estar haciendo algo constantemente para estimular a un bebé.
Pero no siempre es necesario.
Una comida normal puede ofrecer suficientes oportunidades para observar y aprender.
No hace falta convertir cada momento cotidiano en una actividad educativa.
Hablar con él.
Responder cuando vocaliza.
Dejar que observe.
Sonreírle.
Compartir la mesa cuando sea apropiado.
Todo eso ya forma parte de la experiencia.
La próxima vez que te mire mientras comes…
Quizá puedas verlo de otra manera.
No son simplemente dos ojos siguiendo tu tenedor.
Es un pequeño cerebro intentando entender una secuencia de acontecimientos.
Una boca que se mueve.
Una mano que coge algo.
Un objeto que desaparece.
Un adulto que mastica.
Un sonido.
Una sonrisa.
Otra vez.
Y otra.
Y poco a poco, todas esas piezas empiezan a formar una imagen.
Así aprende un bebé muchas de las cosas que nosotros hacemos automáticamente.
Mirando.
Y después, algún día…
intentándolo.
Porque quizá esa mirada fija que recibes mientras comes no sea una petición.
Quizá sea simplemente la forma más silenciosa que tiene tu bebé de decir:
“Enséñame cómo funciona esto.”
En La Cestita del Bebé nos encanta descubrir qué hay detrás de esos pequeños comportamientos cotidianos que aparecen durante los primeros años. En nuestro blog encontrarás más contenidos sobre bebés, desarrollo infantil, crianza y familia, además de ideas para canastillas de nacimiento y regalos para bebés.
Porque algunas veces, los bebés no necesitan que les expliquemos el mundo.
Solo necesitan sentarse cerca y mirarnos.
Bueno, con esto nos despedimos hasta la próxima ocasión! Chao!
