Como afrontar los primeros días de guardería

Con el mes de Agosto acercándose a su fin y la vuelta al
cole a la vuelta de la esquina a papás y pequeños se nos plantean nuevos retos
como afrontar con éxito y sin excesiva angustia los primeros días de guardería.
Cada año vemos a las puertas de colegios y guarderías niños llorando
desconsoladamente. Unos niños llevan mejor que otros este proceso, pero para
todos supone un gran cambio y para afrontarlo los padres tenemos que armarnos
de paciencia y fortaleza.
Algunos consejos para llevarlo algo mejor: 
Antes de empezar la guardería: es conveniente que vayamos
mentalizando poco a poco al pequeño, diciéndole que va a ir al cole con otros
niños con los que jugará y se lo pasará bien, podemos ir pasando por allí y
enseñándole el edificio para que se vaya familiarizando con él.  También podemos jugar con él  y con los muñecos como si estuviéramos en la
guardería, hablándole como si fuéramos la maestra para que vaya entendiendo que
la guardería es un sitio agradable en el que irá a aprender y jugar con otros
niños. Es conveniente que nos ayude en la preparación de la mochila y sus
cositas para que se vaya involucrando y haciendo a la idea.
Los primeros días: es importante que la incorporación se
haga paulatinamente, los primeros días llevar al pequeño un ratito para ir aumentándola
conforme se vaya sintiendo más tranquilo, los primeros días podemos estar con
ellos un rato hasta que veamos que se sienten seguros en ese ambiente.
La despedida: abrazarlos y despedirnos de ellos es
imprescindible, si aprovechamos un despiste para irnos sin despedirnos el
pequeño se sentirá abandonado y probablemente en casa siga sintiendo ansiedad,
incluso duerma peor porque piense que sus padres pueden desaparecer en
cualquier momento. Al igual que a los adultos no nos gusta que alguien se vaya
sin despedirse, a los pequeños les pasa lo mismo, y aunque nos resulte difícil porque
el niño llora es mucho mejor que pase por ese trago inicial y luego se
tranquilice a que este durante horas con la angustia de que su madre o padre se
ha marchado y quizá no vuelva nunca. No es conveniente alargar demasiado este
momento y es importante que le trasmitamos seguridad, si nos ve llorando,
dubitativos o con sentimientos de culpabilidad probablemente se sentirá mucho
peor, tenemos que hacerle sentir que la guardería es lugar agradable en el que
sentirse a gusto.
Al recogerlo: debemos recogerlo con los brazos abiertos y
con una sonrisa, preguntándole acerca de lo que ha hecho en la guardería y
alabando sus logros para que se sienta motivado a volver.

En casa: es posible que el niño no llore en la
guardería, pero que permanezca aislado y en silencio o aferrándose a su juguete
favorito o que participe en la guardería y en casa desarrolle conductas
negativas. Todo esto son conductas normales en este período de adaptación que
normalmente desaparecerán con el tiempo. En casa es importante armarse de
paciencia para afrontar esta rebeldía que puede darse en algunos casos y darles
tiempo para comprender y normalizar la situación. Es importante que los cambios
sean paulatinos y por ello no introducir más cambios en su vida a la vez,  como por ejemplo el cambio de pañal o cambio
de habitación, que tendrán que esperar a que el niño se haya adaptado a este
gran cambio en su vida que supone separarse de sus padres para pasar unas horas
(teniendo en cuenta que la percepción del tiempo en los niños es muy diferente
de la nuestra para ellos puede paracer una eternidad) rodeados de muchos niños
pero todos o casi todos desconocidos y en un lugar totalmente extraño para
ellos.

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